Aunque existe la creencia generalizada que el énfasis en el humor y los gadgets empezó con la llegada de Roger Moore como James Bond en Vive y deja morir, la verdad es que la tendencia empezó en realidad con Diamantes para la eternidad. Debido a que el noble experimento de hacer un épico 007 más humano en 007: Al Servicio Secreto de Su Majestadhabía resultado en beneficios de taquilla decepcionantes, hubo una preocupación real ante la posibilidad que Bond estuviera desfasado en una era de antihéroes vistos en películas tales como: Easy Rider, The Wild Bunch y Shaft. Broccoli y Saltzman se dieron cuenta de que tenían que hacer algo impresionante para despertar de nuevo el interés en la franquicia de 007. Aunque el actor americano John Gavin había sido contratado como el nuevo James Bond para Diamantes para la eternidad, los directores del estudio insistieron en que se hicieran todos los intentos posibles para convencer a Sean Connery de que volviera al papel.

La idea de Connery interpretando a Bond otra vez se consideraba una utopía. Su bien conocida aversión a la ‘Bond mania’ y los paparazzi, combinaba con una creciente relación de tensión con Broccoli y Saltzman, parecían mantenerle fuera de consideración de forma permanente. Sin embargo, en el exitoso mundo de las películas – o la falta de éstas – se engendran extraños compañeros de cama y las recientes películas no Bond de Connery no se habían distinguido en la taquilla. Además, él estaba intentando encontrar fondos para la Scotish International Educational Trust, una organización caritativa que había inaugurado recientemente en su país natal. Tras repetidas propuestas, Connery sorprendió la indústria cinematográfica aceptando volver como Bond una vez más: por el entonces salario récords de 1,250,000 de dólares más un porcentaje de los beneficios. (Connery donó toda la cantidad a su organización caritativa).

Pese a la promoción, Diamantes para la eternidad no consiguió alcanzar las expectativas – almenos artísticamente. La decisión de introducir humor y personajes exagerados fue un paso en falso y, por primera vez, el guión es débil y no particularmente atrayente. A pesar del hecho que el director de James Bond contra Goldfinger Guy Hamilton había vuelto, la película sufrió de una tendencia a no tomarse lo suficientemente seria a ella misma, y la batalla final, normalmente el clímax de una película Bond, es una secuencia poco inspirada sin acción espectacular.

Aún así, Diamantes para la eternidad demuestra tener muchos aspectos que la hacen entretanida. La secuencia precréditos en la que Bond persigue sin descanso a Blofeld(supuestamente debido al asesinato de su esposa) es extremamante efectiva, los escenarios de Ken Adam son inigualables, y el tema de John Barry ayuda inconmensurablemente a la atmósfera. La fuerza de la película reside en la seguridad de la presencia de Connery, quien – a pesar del hecho que su peso parece fluctuar de forma considerable a lo largo de la película – se las arregla para recuperar el mismo carisma que inyectó a 007 años antes. En resumen, Diamantes para la eternidad es una película entretenida, pero sus partes son más impresionantes que el todo.

 

Trailer de la película

 

Banda sonora de Shirley Bassey

 

 

 

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